En cada retreat de empresa, siempre surge la misma pregunta: ¿qué podemos regalar que no termine en el fondo de un cajón? A lo largo de los años, me he encargado de diseñar y crear los regalos para estas ocasiones, y he desarrollado una fórmula infalible basada en tres requisitos indiscutibles:
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Tiene que ser muy graciosos: Es la regla de oro y la más importante. Si al entregarlo arranca una carcajada general, el objetivo está cumplido.
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Tiene que ser diferente: Nada de regalos predecibles. Prohibido regalar un bolígrafo, una libreta corporativa o el típico merchandising aburrido que te dan en cualquier evento. Tienen que ser cosas que no se esperen en absoluto.
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Tiene que ser personalizado: El toque mágico. Cada trabajador y compañero debe sentir que su regalo está pensado exclusivamente para él, con sus bromas y su personalidad.
Esta combinación es lo que hace que la experiencia de abrirlos sea memorable y divertidísima de verdad. Según dicen mis propios compañeros, en cada retreat me supero un poco más y dejo el listón tan alto que ya empieza a ser muy difícil superarlo (¡aunque me encantan los retos!).
Aquí os dejo el historial de las locuras que he ido preparando:
1. Tazas
Empezamos por algo más clásico, pero con nuestra vuelta de tuerca: tazas cargadas de bromas internas y chistes que solo nosotros entendíamos al cien por cien.
2. Posavasos y pegatinas
Un paso más allá. Los posavasos decoraban la mesa de trabajo de cada uno, y las pegatinas se convirtieron en la obsesión absoluta para llenar todos los portátiles de la oficina con frases míticas de nuestros compañeros.
3. Imanes en tiempo real
Para este retreat, quise algo más terrenal. Preparé imanes que capturaban "memes" internos e instantes épicos del equipo. Un recuerdo tangible para la nevera que siempre saca una sonrisa cada vez que vas a por agua.
4. Muñeco estilo blíster (2D)
Aquí aproveché la fiebre de ChatGPT de "crear tu propio muñeco" y lo llevé al equipo con nuestros memes internos. Preparé una cara delantera y una trasera, las imprimí a doble cara en cartón y monté cada pieza como si fuera un juguete de blister.
Como el cartón se quedaba endeble y podía romperse, compré en IKEA un marco que se ve por delante y por detrás. El resultado quedó como un muñeco recién comprado, pero en formato 2D en lugar de 3D.
5. Cromos coleccionables
Mi último gran golpe y el proyecto más ambicioso. Diseñé una colección completa estilo cartas Pokémon (o de fútbol) con estadísticas, habilidades y la biografía épica de cada compañero.

La web interactiva resolvía un problema real del retreat anterior: la gente se quedaba solo con su propio cromo y no veía los de los demás. Con esta web, cualquiera podía ver de forma sencilla e interactiva la colección completa de todo el equipo: clevergy-cards.pages.dev.
¿Qué será lo próximo? Todavía no lo sé, ¡pero el listón está literalmente en el espacio! Va a ser muy duro mantener este nivel de locura, pero ver la cara del equipo cuando descubre la sorpresa hace que todo el trabajo valga la pena.